Te van a Etiquetar

Cuando no sabes quién eres, tarde o temprano alguien vendrá a decírtelo. Te dirá que eres "egoísta", "demasiado sensible", "difícil", "inmadura" o "maravillosa y perfecta", pero no estará hablando realmente de ti, sino del filtro con el que esa persona se mira a sí misma y mira el mundo. Y si yo no tengo un mínimo de claridad sobre quién soy, esas etiquetas me entran directo al corazón: me hieren, me enfadan o me confunden.​

Cuando mi autoconcepto está poco definido, vivo muy pendiente de las opiniones ajenas. Si alguien me critica, me hundo; si alguien me idealiza, me pierdo en complacer para no perder su aprobación. Mi identidad se vuelve un espejo roto hecho de trocitos de lo que otros piensan: un profesor que dijo que no valía, una expareja que me llamó fría, una amiga que me etiquetó de "dramática". Sin darme cuenta, dejo que la mirada externa tenga más peso que mi propia experiencia íntima de mí misma.​

Lo más curioso es que muchas veces lo que los demás ven y dicen de mí es una proyección de sus propios miedos, heridas y creencias. Quien no se permite sentir, tacha de "exagerada" a quien sí expresa; quien no se cree digno, ve "soberbia" en la seguridad del otro; quien no se responsabiliza, llama "egoísta" a quien pone límites. En el fondo, están hablando de su mundo interior, no del mío, pero si yo no me conozco, lo tomo como verdad absoluta y me duele profundamente.​

Por eso, esta reflexión para mí es un llamado: si yo no hago el trabajo de descubrir quién soy, el guion de mi identidad lo escribirán otros. Y lo escribirán en base a su historia, su dolor, sus carencias y sus deseos, no en base a mi esencia. Me seguirá molestando lo que digan mientras siga dudando de mí; cuanto menos me conozco, más poder les doy a sus palabras.​

Empezar a conocerme es empezar a recuperar ese poder. Cuanto más clara tengo mi propia voz, mis valores, mis luces y mis sombras, más fácil me resulta escuchar una opinión sin tragarla entera. Puedo preguntarme: "¿esto que me dice encaja con lo que sé de mí o habla más de la mirada del otro?". Y, si descubro que no es mío, lo devuelvo con respeto, sin cargarlo en mi mochila. Así, poco a poco, dejo de vivir al dictado de lo que otros creen de sí mismos y empiezo a vivir alineada con la verdad que voy descubriendo dentro de mí.​


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