Dejar Ir

Hoy quiero hablarte, desde muy dentro, de algo que estoy aprendiendo a hacer: dejar ir. Durante años, cuando sentía miedo, rabia o tristeza, mi primer impulso era apretar los dientes, distraerme, pensar en otra cosa y seguir. Creía que ser fuerte era "aguantar" y controlar lo que sentía, pero en el fondo mi cuerpo se quedaba cargado y mi corazón, cada vez más tenso.​

Un día me encontré con una idea sencilla y profunda a la vez: el problema no es la emoción, sino la resistencia que pongo a sentirla. En lugar de dejar que la emoción pase a través de mí, la bloqueo con pensamientos, juicios y miedos. Y así, lo que podría durar unos minutos se queda conmigo días, semanas, incluso años.​​

Ahora practico otra manera: cuando aparece una emoción incómoda, me paro y me pregunto en silencio: "¿Qué estoy sintiendo de verdad?". No "qué pienso" de la situación, sino qué siento en el cuerpo: presión en el pecho, nudo en la garganta, calor en la cara, peso en el estómago. En vez de analizar la historia, llevo mi atención a la sensación física, como si encendiera una linterna dentro de mí.​​

El segundo paso es dejar de luchar. Me digo: "Vale, sensación, puedes estar aquí". No la juzgo como buena o mala, no intento cambiarla, solo la dejo ser, como si le hiciera un espacio en mi interior. A veces la intensidad sube un poco, otras baja rápido; yo respiro suave y suelto hombros, mandíbula, barriga, permitiendo que esa energía se mueva.​​

Después me hago una pregunta simple: "¿Podría soltar esto, aunque sea un poquito?". No me obligo; solo abro una puerta interior a la posibilidad de dejar ir la tensión, el control, la necesidad de tener razón o de que todo sea como yo quiero. A veces la respuesta es "sí", otras es "todavía no", y también eso está bien, porque el mismo acto de preguntar ya empieza a aflojar el agarre.​​

Cuando digo que dejo ir, no significa que reprimo, que hago como si nada, o que permito injusticias. Dejar ir, para mí, es rendirme por dentro al hecho de que esto es lo que siento ahora, y permitir que la emoción cumpla su ciclo sin encadenarla con más pensamientos. Es como soltar una cuerda que llevaba tiempo tirando; dejo de hacer fuerza y noto poco a poco más espacio, más ligereza, más silencio.​​

He notado que cuando practico esto, mis reacciones cambian. Donde antes me enganchaba en la queja o en la culpa, ahora puedo quedarme unos minutos sintiendo y, después, responder con más calma y claridad. Sigo teniendo emociones intensas, pero ya no siento que me definan: son olas que pasan por mí, no soy yo la ola.​

Hoy te comparto esto porque sé que también tú tienes algo que te pesa: una palabra que no se dijo, una decisión del pasado, un miedo a que se repita lo mismo. Quizá no puedas cambiar la historia, pero sí puedes aprender a soltar la carga que sigues llevando por dentro. Si te apetece, puedes probar ahora mismo: piensa en algo que te inquieta, siente dónde lo notas en tu cuerpo, respira ahí y pregúntate suavemente: "¿Podría dejar ir un poco de esto, solo por ahora?". A lo mejor descubres, como yo, que dejar ir no es perder, es hacer espacio para más paz, más amor y más verdad en tu vida.​


© 2023 El Blog de Madalina Dumitrache. Todos los derechos reservados.
Creado con Webnode Cookies
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar