Sanando Heridas
Desde mi experiencia y lo que he aprendido, tanto la energía femenina como la masculina viven dentro de mí, y puedo sentirlas y expresarlas en diferentes momentos de mi vida. La energía femenina es la de sentir, crear, escucharme y abrir mi corazón; la masculina es la de actuar, poner límites, tomar decisiones y liderar mi propia vida.
A veces, cuando era niña, viví situaciones donde sentí abandono, rechazo o falta de amor. Eso me marcó profundo y, sin darme cuenta, empecé a buscar en mis parejas y relaciones adultas aquello que no recibí de pequeña. Si de niña sentí que no me cuidaban lo suficiente, de adulta suelo buscar personas que me reafirmen esa herida, repitiendo una y otra vez la historia, esperando que por fin alguien me elija y me valore.
Me di cuenta que muchas veces, si mi mamá era quien mandaba en casa o si mi papá estaba ausente o poco presente, adopté creencias y formas de vivir mis energías de manera desbalanceada. Por ejemplo, puedo intentar hacerlo todo sola y no confiar en lo masculino, o sentir miedo de los hombres o de sus formas de actuar.
En mis relaciones de pareja, cuando no sano esas heridas, atraigo personas que las activan. Si me siento insegura o con baja autoestima, muchas veces elijo parejas que refuerzan mi dolor, como si necesitara esa herida para sentirme viva o seguir contando mi misma historia.
Hoy comprendo que la verdadera transformación viene de mirar hacia dentro, de abrazar a mi niña interior, y de sanar con compasión todas esas heridas. Dejo de buscar culpables afuera y empiezo a integrar y equilibrar mi energía femenina y masculina. Así puedo elegir a mi pareja desde el amor y la conciencia, no desde la herida, y vivir relaciones más sanas y llenas de libertad.
