El Arte de Ser

​Para mí, el amor propio es la base de absolutamente todo. No es esa cosa superficial de "me amo mucho" que ves en redes, sino la valentía de aceptarme por completo, con mis luces y mis sombras.

​Así es como entiendo y vivo mi amor propio:
​Me Acepto tal como Soy, sin Juicios:
He dejado de lado la moralidad y los juicios sociales. Me veo a mí misma y digo: "Sí, soy esta persona, con estas características." Si soy muy intensa, si a veces soy impaciente o si veo lo imperfecto en todo   , lo acepto. Esas cosas que me señalaron como defectos por años, ahora son herramientas que uso con inteligencia.
​Mis Heridas son mi Fuerza:
Yo no estoy "completa" ni "perfecta." Soy como un jarrón roto, pero en lugar de esconderme, pego mis grietas con oro. Mis inseguridades del pasado, mis miedos (por ejemplo, el miedo a no ser suficiente o a no tener), no eran egoísmo, eran el motor para levantarme y hacer algo grande. Me doy cuenta de que mis partes "rotas" son las que me hacen única y poderosa.
Yo Soy mi Prioridad:
Amarme significa ponerme primera. No es egoísmo, es ser responsable de mí misma. Si yo no estoy bien, si no estoy al 100%, no puedo dar nada genuino a los demás. Mi éxito no se mide en lo que otros aprueban, sino en la paz y la plenitud que siento internamente. Si para el mundo parezco "ególatra" porque me valen sus opiniones, que así sea. Mi propia mirada y mi conciencia son suficientes para saber quién soy y desde dónde actúo.
Amor al Prójimo vs. Respeto:
He aprendido que amo al prójimo (a todos) porque he mirado mi propia oscuridad y la he aceptado. Si me amo con mi "mierda" adentro, puedo amar la "mierda" del otro, sabiendo que detrás de cada persona hay una historia. Pero cuidado: amar no significa tener cerca o aguantar. El amor es incondicional, pero el respeto se gana. Si alguien no me respeta o no me deja ser yo, simplemente me alejo.
Vivo con Conciencia y Dosis:
Todo en la vida es cuestión de dosis y conciencia, no de "bueno" o "malo". Elijo qué consumir, qué ver, qué hacer, sabiendo qué me sirve y qué me hace bien. Si hago algo, lo hago con conciencia de por qué lo hago y cuál es mi límite. Esto me da la libertad de vivir sin el miedo a ser juzgada.
​En resumen:
​El verdadero amor propio es un acto de libertad y autenticidad radical. Es dejar de ser víctima de las opiniones o miedos de otros, y tomar la responsabilidad total de quién soy y a dónde voy, para desde ese lugar de fuerza, poder servir al mundo.


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