Reprogramar

Durante mucho tiempo he vivido en piloto automático, creyéndome cada pensamiento que pasaba por mi mente. Pensaba que "yo soy así" y que la forma en la que veía el mundo era simplemente la realidad. No sabía que gran parte de mi sufrimiento venía del sistema de creencias que llevaba dentro.​​

Empecé a escuchar una idea nueva: puedo reprogramar mi mente. No se trata de repetirme frases bonitas por encima del dolor, sino de mirar de frente los pensamientos y creencias que me hacen daño y elegir algo distinto. Es como actualizar un programa viejo que ya no funciona para la vida que quiero vivir hoy.​

Comprendí que reprogramar conscientemente es acceder a esa parte de mi mente donde se guardan las experiencias dolorosas, las conclusiones que saqué de niña, los "nunca más" y los "siempre será así". Al traerlas a la luz de mi conciencia, puedo verlas, sentirlas y tomar una nueva decisión. No puedo cambiar lo que pasó, pero sí puedo cambiar la interpretación con la que lo sigo recordando.​

He visto que no existen pensamientos neutros: cada pensamiento tiene un efecto en cómo me siento y en cómo actúo. Si sostengo durante años ideas de miedo, escasez o culpa, mi cuerpo y mi vida lo reflejan. Cuando empiezo a entrenar pensamientos más reales, amorosos y responsables, también se transforma la forma en la que me relaciono conmigo y con el mundo.​​

Reprogramar mi mente no ha sido algo de un día, es un entrenamiento. Igual que un músculo se fortalece con práctica constante, mi mente se va volviendo más libre a medida que cuestiono lo que pienso, suelto creencias viejas y elijo otras que me den paz. No es magia, es disciplina amorosa conmigo.​​

Hoy practico pasos muy concretos: primero, observo qué me estoy diciendo cuando me siento mal. Segundo, me pregunto si ese pensamiento es un hecho o una interpretación aprendida. Tercero, elijo una nueva manera de mirarlo que sea más honesta y amable, sin negarlo, pero sin atacarme.​

Cuanto más reprogramo mi mirada, más me doy cuenta de que el mundo que veo es un reflejo de mis ideas internas. Si cambio la forma en la que pienso, cambia la forma en la que experimento la vida. Y ese poder, el de intervenir en mi propio sistema de pensamiento, es una de las formas más profundas de libertad que he empezado a conocer.​​


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