La Injusticia

Desde la filosofía que practico (UCDM), inspirada en este enfoque, la injusticia no se niega ni se minimiza: la reconozco, la nombro y le doy espacio. Sin embargo, he aprendido que no soy lo que me ha pasado; no soy una injusticia, una traición ni un abandono. Si bien no elijo lo que me hicieron, sí puedo elegir cómo vivo y qué hago con esa experiencia hoy.

A veces es fácil quedarse en el papel de víctima y buscar un culpable fuera, pero eso me deja inmóvil y atrapada en el dolor. Cuando interpreto lo que pasó solo desde el sufrimiento, me quedo repitiendo esa historia y dañándome una y otra vez. En cambio, desde esta filosofía, mi libertad comienza cuando comprendo que tengo la posibilidad de transformar mi mirada y soltar la identificación con el dolor.

No justifico a quien me hizo daño ni minimizo el impacto, pero sí asumo la responsabilidad de cómo quiero seguir adelante. El verdadero cambio ocurre cuando dejo de buscar culpables y elijo aprender, crecer y reencontrar mi libertad interior. Así, la injusticia se convierte en una oportunidad para sanar y fortalecerme, no en una prisión que me define.​


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