Subir de Nivel

Hoy quiero contarte cómo entiendo ahora los niveles de conciencia y de energía según cada emoción, de una forma sencilla, como si tuviéramos una conversación íntima. Para mí es como un termómetro interior: según las emociones en las que vivo más tiempo, así se siente mi vida, mi cuerpo y mi manera de ver el mundo.​

En la parte más baja de ese "termómetro" están emociones como la vergüenza, la culpa, la apatía y el miedo. Cuando me quedo ahí, mi energía se vuelve muy pesada: me siento pequeña, sin fuerza, sin ganas, a veces con la sensación de que nada tiene sentido o de que algo en mí "no está bien". En estos estados me resulta fácil verme como víctima, creer que no tengo opciones y que la vida me pasa por encima. No es que estas emociones sean malas; son humanas, pero cuando vivo instalada en ellas, todo se hace cuesta arriba.​

Un poco más arriba están emociones como el deseo, la ira y el orgullo. Aquí ya noto más movimiento: el deseo me empuja a buscar cosas, la ira me muestra que algo me duele o no me gusta, y el orgullo me da una sensación de valor y de importancia. Pero en estos niveles sigo muy enganchada a lo externo: necesito demostrar, ganar, tener razón, que me reconozcan, y si no ocurre, me frustro y sufro. Es una energía con fuerza, pero con mucha lucha, tensión y reactividad.​

Hay un punto en el que algo cambia: el nivel del coraje. El coraje, para mí, es cuando dejo de verme solo como víctima y empiezo a asumir que, aunque no pueda controlar todo, sí puedo elegir cómo responder. En este estado empiezo a decirme: "vale, esto duele, pero voy a aprender, voy a pedir ayuda, voy a hacer algo distinto". Es el momento en el que levanto la cabeza y doy pasos, aunque tenga miedo.​

Más arriba del coraje aparecen emociones como la voluntad genuina, la aceptación y el entendimiento. Aquí noto más equilibrio: ya no peleo tanto con lo que pasa, sino que busco comprender y actuar de forma responsable. La aceptación no es resignación, es mirar la realidad tal como es y preguntarme qué puedo hacer yo, desde donde estoy, para cuidarme y crecer. Mi mente se aclara, mi cuerpo se relaja un poco más y empiezo a confiar en el proceso.​

Y en los niveles altos están el amor, la alegría y la paz. Este amor no es solo de pareja, es una energía de cariño profundo hacia mí y hacia los demás, de compasión, de comprensión, de deseo de aportar. Cuando rozo estos estados, siento gratitud por cosas muy sencillas, me conecto con algo más grande que mi ego y la vida se percibe más ligera y con sentido. No significa que no haya problemas, sino que el centro desde el que vivo es más amplio, más luminoso y menos reactivo.​

Hoy miro mis emociones como señales que me indican en qué "altura" estoy vibrando. Si me descubro en miedo o culpa, en lugar de atacarme, reconozco: "vale, ahora estoy en un nivel bajo, por eso todo se ve tan oscuro". Y desde ahí me pregunto: "¿Qué pequeño paso puedo dar para subir un poquito? ¿Puedo elegir un acto de coraje, de aceptación o de amor hacia mí?". No se trata de vivir siempre en paz perfecta, sino de ir subiendo suavemente la escala, respiración a respiración, decisión a decisión, recordando que cada emoción es solo una estación, no mi destino final.​



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