La Aceptologia
La Aceptología de Gerardo Schmedling es, para mí, una forma muy sencilla y profunda de aprender a vivir con menos sufrimiento y más paz interior. Se basa en aceptar la realidad tal como es, en lugar de pelear con ella una y otra vez. No se trata de resignarme, sino de comprender que hay cosas que no puedo cambiar afuera, pero sí puedo cambiar cómo las interpreto y cómo respondo por dentro.
Qué es para mí la Aceptología
Cuando conocí la Aceptología entendí que gran parte de mi sufrimiento venía de no aceptar lo que estaba pasando. Me dolía más mi resistencia que la situación en sí. Aceptar, para mí, significa dejar de discutir con la vida y empezar a preguntarme: "¿Qué me quiere enseñar esto?" en lugar de "¿Por qué me pasa esto a mí?".
Schmedling explica que la realidad es neutra y que quienes ponemos la etiqueta de "bueno" o "malo" somos nosotros, con nuestras creencias y expectativas. Cuando miro la vida desde ahí, siento más libertad, porque ya no necesito que todo salga como yo quiero para estar en paz.
Cómo la aplico en mi día a día
En mi día a día, la Aceptología se convierte en una práctica muy concreta. Cada vez que me siento molesta, frustrada o triste, me hago una pregunta clave: "¿Qué es lo que no estoy aceptando ahora?". Muchas veces descubro que quiero que alguien se comporte diferente, que una situación haya sido otra, o que el pasado no hubiera ocurrido como ocurrió.
Cuando reconozco eso, doy un paso hacia la aceptación: respiro, suelto la necesidad de controlar, y elijo responder desde la calma y no desde la rabia. No es magia ni ocurre de un día para otro, pero noto que cada vez que acepto una situación, el sufrimiento baja y aparece más claridad para actuar.
Lo que me enseñó sobre el sufrimiento
La Aceptología me enseñó que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. El dolor aparece cuando algo me duele de verdad: una pérdida, una ruptura, un cambio inesperado. El sufrimiento aparece cuando me quedo pegada a la queja, a la resistencia, al "no debería ser así".
Con esta mirada, dejo de sentirme víctima de lo que ocurre afuera. En lugar de preguntar "¿por qué?", empiezo a preguntar "¿para qué?" y eso cambia por completo mi relación con los desafíos. Dejo de pelear con la realidad y comienzo a usar cada experiencia como una maestría para conocerme mejor y crecer.
El compromiso que requiere
He comprendido que la Aceptología no es solo una idea bonita, es un compromiso. Requiere que llegue a un punto donde ya no quiero seguir sufriendo de la misma manera, que esté dispuesta a cuestionar mis creencias y a soltar formas de pensar que aprendí desde pequeña. También implica practicar todos los días, no solo cuando me conviene.
Para mí, este camino es una maestría en amor propio y responsabilidad. Aceptar no es rendirme, es tomar mi poder interno y decidir que ninguna situación externa va a gobernar mi paz. Desde ahí, siento que de verdad empiezo a ser lo mejor de mí misma, justo como enseña Gerardo Schmedling.
