Herencia Viva
A veces me pregunto por qué pienso y siento como lo hago. Hoy entiendo que mi sistema de creencias es como un tejido que se fue formando poco a poco, a partir de todo lo que viví, aprendí y también heredé.
Por un lado, muchas de mis creencias surgieron de lo que vi y escuché de niña: las palabras de mi familia, las experiencias en la escuela, lo que aprendí de la sociedad y los mensajes que recibí una y otra vez. Todo eso fue moldeando mi forma de interpretar la vida, como si la mente fuera una esponja que lo absorbe casi sin notarlo.
Pero también reconozco que hay algo todavía más profundo: la información genética y heredada. No solo tengo los ojos o la sonrisa de un abuel@, sino que a veces llevo maneras de sentir, reaccionar y ver el mundo que vienen de generaciones atrás. Algunos miedos, actitudes o pensamientos automáticos no los elegí conscientemente; simplemente los traigo en mi historia familiar.
Comprender esto me ayuda a mirar mis creencias con más compasión. Hay patrones que se repiten porque así aprendí a sobrevivir o a encajar, y otros simplemente me llegaron como parte de mi herencia. Sin embargo, también descubro que, aunque lo aprendido o lo heredado me influya, siempre puedo elegir. Si algo ya no me sirve o siento que me limita, hoy tengo la posibilidad de transformarlo.
Por eso, me doy permiso para cuestionar mis creencias, soltar las que ya no resuenan conmigo y abrir espacio para otras nuevas que sí me apoyen y reflejen quién soy de verdad. Así, honro mi pasado y me regalo la libertad de construir mi propio camino.
