Sexualidad

Para Nilda Chiaraviglio, la sexualidad es mucho más que tener relaciones sexuales, y esa visión transformó también mi manera de entenderla. Empecé a verla como una energía que atraviesa todo mi ser: mi cuerpo, mis emociones, mi mente, mi historia y mi forma de vincularme.​

Cómo entiendo hoy la sexualidad

Hoy siento que la sexualidad es mi capacidad de sentir placer, ternura, deseo y conexión, conmigo y con otros. No es solo algo que "pasa en la cama", sino algo que está en cómo me toco, cómo respiro, cómo disfruto la vida cotidiana. Es una parte viva de mí, que se expresa en mi forma de mirar, de abrazar, de hablar, de disfrutar lo que hago.​

También la veo como un lenguaje: a través de mi sexualidad digo cuánto me permito sentir, cuánto me permito recibir y cuánto me autorizo a disfrutar. Si vivo desconectada de mi cuerpo, tensa o llena de culpa, esa energía se apaga o se distorsiona.​

La importancia de la infancia y el apego

Una de las ideas que más me marcó es que la sexualidad empieza mucho antes de ser adultos. Se va formando desde la infancia, con el contacto, las caricias, los mimos, el modo en que nos sostienen, nos miran y nos cuidan. Cada abrazo, cada gesto de ternura, cada forma de consuelo va enseñando a mi cuerpo si el contacto es seguro, agradable y bienvenido, o si es tenso, ausente o doloroso.​

Entender esto me ayudó a mirar con más amor mi propia historia. Muchas dificultades que aparecen después en la vida íntima están ligadas a cómo aprendimos de pequeños a sentir el cuerpo, el placer, el contacto y el vínculo. No es culpa, es historia, y se puede trabajar y sanar.​

El erotismo que cambia conmigo

Otro punto que tomé de su mirada es que el erotismo no es estático ni se "termina" con la edad. El cuerpo cambia, pero mi capacidad de sentir placer, imaginar, fantasear y vincularme puede crecer y hacerse más rica con los años. El erotismo no depende solo de la apariencia física, sino de la sensibilidad, la imaginación, la confianza y la conexión con una misma.​

Eso me da mucha libertad: en lugar de pelear con los cambios del cuerpo, puedo preguntarme qué despierta hoy mi deseo, qué me nutre, qué tipo de intimidad quiero construir ahora. Así la sexualidad se vuelve un camino de autoconocimiento, no una carrera por cumplir un ideal.​

Sexualidad, placer y libertad interior

También aprendí a diferenciar entre lo que deseo de verdad y lo que "debería" desear según mandatos sociales, religiosos o familiares. La sexualidad, tal como la entiendo desde esta mirada, es un espacio donde puedo encontrar mi propia verdad: qué me gusta, qué no, qué necesito, qué límites tengo, qué fantasías me habitan.​

El placer deja de ser algo culpable o superficial y se convierte en una forma de estar viva y presente en mi cuerpo. Cuando escucho mis sensaciones, respeto mis límites y cuido mi consentimiento, la sexualidad se vuelve un acto de amor propio, no solo una experiencia compartida con otro.​

Cómo lo aplico en mi vida

En lo cotidiano, esta visión me lleva a:

  • Estar más atenta a mi cuerpo: tensiones, respiración, zonas donde siento placer o incomodidad.​

  • Cuidar el tipo de contacto que permito: buscar relaciones donde haya respeto, ternura y presencia, no solo descarga o obligación.​

  • Mirar mi historia con compasión, entendiendo que no todo lo que me pasa en la intimidad "es de ahora"; muchas cosas vienen de antes y merecen ser miradas con cariño y, si hace falta, con ayuda profesional.​

Para mí, la sexualidad desde la mirada de Nilda Chiaraviglio es un camino de reconciliación con mi cuerpo, con mi placer y con mi forma única de desear y vincularme. No es solo algo que hago, es también una forma de ser y de habitarme.​

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