Pasado

Durante mucho tiempo he vivido como si mi pasado fuera una etiqueta pegada en la frente: la niña que sufrió, la joven que se equivocó, la mujer que tomó decisiones "incorrectas". Sentía que mi historia era una especie de condena que definía quién podía ser y hasta dónde podía llegar.​

Empecé a escuchar una idea distinta: mi pasado no me define, lo que me define es lo que hago hoy con todo eso que viví. No se trata de negar lo que pasó, sino de dejar de usarlo como excusa para seguir dañándome a mí misma. Esa idea abrió una grieta en el muro que yo misma había construido.​

Comprendí que no puedo cambiar los hechos, pero sí puedo cambiar el significado que les doy. Que una herida puede ser solo una cicatriz que miro con rencor, o puede convertirse en una maestra que me muestra mi fortaleza, mis límites y mi necesidad de amor propio. Resignificar mi historia no borra el dolor, pero evita que siga controlando mi presente.​

He visto que gran parte del sufrimiento no viene de lo que ocurrió, sino de lo que me repito una y otra vez sobre ello. Frases como "siempre me pasa lo mismo", "yo soy así por culpa de esto", "ya es tarde para mí" son cadenas que yo misma refuerzo con cada pensamiento. Cuando empiezo a cuestionarlas, se abren posibilidades nuevas.​

Reprogramar mi mente respecto al pasado ha sido un acto de autonomía interior. Es elegir dejar de verme solo como víctima de las circunstancias y empezar a verme como autora de la historia que estoy escribiendo ahora. No niego lo que fue, pero dejo de usarlo para justificar seguir viviendo pequeña, asustada o llena de rencor.​

Hoy practico algo sencillo: cuando un recuerdo doloroso aparece, me pregunto "¿qué puedo aprender de esto ahora?" y "¿cómo puedo mirarme con más compasión en esta escena?". A veces escribo una carta a esa versión pasada de mí, para decirle lo que entonces nadie le dijo: que hizo lo mejor que pudo, que merece paz, que ahora puede descansar.​

Cuanto más resignifico mi pasado, menos miedo tengo al futuro. Siento que no estoy predestinada por lo que viví, sino invitada a usarlo como materia prima para crear una vida más consciente, más libre y más coherente conmigo. Mi historia deja de ser una condena y empieza a ser un camino de regreso a mí.​


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