Culpa

Durante muchos años he vivido cargando con una sensación de culpa casi constante. Culpa por no llegar a todo, culpa por decir que no, culpa por enfadarme, culpa por elegir algo para mí. Era como si siempre hubiera una voz interna recordándome que "no era suficiente", que "podía haberlo hecho mejor", que "algo estaba mal en mí".​​

Con el tiempo entendí que la culpa no venía solo de lo que hacía, sino de lo que pensaba sobre mí. Había aprendido que equivocarme me hacía mala, que poner límites era egoísta, que cuidar de mí era ser poco generosa. Así, cada decisión que tomaba a favor de mi paz se convertía en un motivo más para atacarme por dentro.​​

Empecé a observar cómo funciona la culpa: siempre busca castigo. Cuando me siento culpable, sin darme cuenta busco maneras de pagar esa "deuda": saboteo mis proyectos, me quedo en relaciones que me duelen, acepto menos de lo que deseo, me exijo hasta el agotamiento. Es como si una parte de mí creyera que no merece estar bien.​​

Mirar esto de frente fue duro, pero liberador. Me pregunté: "¿Qué pasaría si, en vez de castigarme, intentara comprenderme?". Detrás de muchas de mis decisiones no había maldad, había miedo, ignorancia, heridas sin sanar. Empecé a tratar a esa parte de mí como trataría a una niña confundida: con firmeza, sí, pero también con ternura.​

No se trata de negar mis errores ni de justificarlo todo. Se trata de asumir la responsabilidad de lo que hago sin aplastarme internamente. Si algo que hice dañó a alguien, hoy elijo aprender, reparar lo que pueda y seguir adelante, en lugar de quedarme viviendo en una cárcel interior de reproches.​

Cuando aflojo la culpa, aparece un espacio nuevo: la posibilidad de elegir distinto. Desde el castigo solo repito patrones; desde la comprensión puedo tomar decisiones más conscientes y alineadas con la mujer que quiero ser. Dejo de hacer las cosas por miedo a sentirme culpable y empiezo a hacerlas por amor y respeto hacia mí y hacia los demás.​​

Hoy practico algo sencillo: cada vez que siento culpa, me detengo y me pregunto "¿qué estoy creyendo de mí ahora mismo?". Luego me pregunto "¿esto es verdad o es un viejo guion que ya no necesito?". No siempre es fácil, pero cada vez que elijo mirarme con más honestidad y menos castigo, siento un poco más de paz y de libertad por dentro.​​


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