El Estrés
A veces siento que el estrés se apodera de mí, sobre todo cuando tengo muchas cosas que hacer o me preocupo demasiado por lo que va a pasar. Cuando eso sucede, mi cuerpo y mi mente lo notan: me pongo nerviosa, me duele la cabeza o me cuesta dormir. He aprendido que no siempre puedo evitar el estrés, pero sí puedo aprender a manejarlo.
Intento escucharme, detenerme un momento y respirar profundo cuando siento que me desbordo. También me ayuda hablar con alguien de confianza, dar un paseo, o simplemente tomarme un descanso. Me doy permiso para cuidar de mis emociones, reconocer lo que siento y buscar maneras sencillas de calmarme. Para mí, cuidar mi bienestar emocional es tan importante como cuidar de mi salud física. Cuando aprendo a manejar el estrés, me siento más fuerte y capaz de disfrutar la vida.
Algo muy importante sobre el estrés es que, si se mantiene durante mucho tiempo, puede afectar directamente a mi memoria y al funcionamiento de mi mente. El cerebro empieza a fallar, las neuronas se dañan y me siento más agotada, despistada y menos creativa. El cuerpo y la mente necesitan momentos para desconectarse del estrés, porque si no lo hago, se me va acumulando y puede aparecer ansiedad, insomnio o problemas emocionales.
Una manera sencilla de cuidar mi mente cuando estoy estresada es practicar la respiración cuadrada: inspiro 4 segundos, retengo el aire 4, exhalo 4 y vuelvo a retener 4 segundos. Si hago esto durante cinco minutos al día, ayudo a mi cerebro y mi corazón a sincronizarse, creando ondas de calma y mejorando mi concentración. Me gusta pensar que mi mente es como un caballo, y yo tengo las riendas. La respiración es esa rienda que me ayuda a recuperar el control y a crear bienestar.
Además, me ayudan hábitos simples como agradecer, escuchar música alegre, cantar, ducharme con agua fría o mover los ojos de un lado a otro para activar mi sistema de relajación y recuperar la tranquilidad cuando el estrés se asoma en mi vida.
