Piloto Automático
Durante muchos años he vivido con el "piloto automático" puesto sin darme cuenta. Me levantaba, trabajaba, me relacionaba y tomaba decisiones desde una especie de inercia interior, repitiendo los mismos patrones de siempre, las mismas reacciones, las mismas quejas, como si fuera un programa instalado que se ejecuta solo. Creía que eso era "ser yo", pero en realidad era una mezcla de miedos, creencias y costumbres que se activaban sin que yo estuviera realmente presente.
Cuando vivo en piloto automático, es mi ego el que conduce. Esa parte de mí funciona como un mecanismo de defensa: intenta protegerme del dolor, de la crítica, del rechazo, y para eso se adelanta, juzga, se compara, se pone a la defensiva y reacciona sin parar. Es como una voz que nunca se calla en mi cabeza, llena de pensamientos negativos y de historias sobre lo que los demás "me hacen" o "deberían hacer". Desde ahí, interpreto la realidad de forma muy distorsionada, creyendo que tengo siempre la razón y que el problema está fuera.
En este estado me siento muchas veces vacía y desconectada. Voy corriendo, reaccionando a todo: al tráfico, a un mensaje, a una mirada, a un comentario, sin parar a preguntarme qué estoy sintiendo de verdad o qué necesito. Si algo no sale como yo quería, salto automáticamente a la queja, al victimismo o a la culpa, como si la vida me debiera algo y yo no tuviera responsabilidad sobre cómo respondo. Y, sin embargo, por dentro se nota que falta algo: presencia, paz, autenticidad.
He descubierto que salir del piloto automático empieza por observarme. Parar un momento en medio del día y preguntarme: "¿Qué estoy pensando ahora?, ¿cómo se siente mi cuerpo?, ¿desde dónde estoy actuando?". A veces basta una respiración consciente, un ratito de silencio, para ver con claridad que no era "la realidad" la que me estaba atacando, sino mi ego reaccionando por costumbre. Cuando me miro con honestidad, sin juzgarme, empiezo a ver mis patrones repetidos y, solo entonces, puedo elegir una respuesta distinta.
Para mí, despertar del piloto automático es un viaje del ego a la esencia. No se trata de eliminar el ego, sino de ponerlo en su sitio y recordar que no soy solo esa voz reactiva, sino también conciencia, amor, creatividad, responsabilidad. Cada vez que en vez de reaccionar paro, respiro, siento y elijo con más libertad, estoy volviendo un poco más a casa, a quien realmente soy. Y en ese espacio de presencia la vida se siente más ligera, más coherente y más mía, porque dejo de ser esclava de mis automatismos y me convierto, poco a poco, en la autora consciente de mi propio camino.
